Discurso y Actuaciones Codependientes * |
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Dr. Jaime Castrellón Díaz. "Como quieres que te deje sino
me dejas dejarte."
El presente artículo se centrará en el análisis
del discurso y actuaciones codependientes desde la óptica psicoanalítica,
haciendo énfasis en las deficiencias en la estructuración del Yo en estas
patologías debido a fallas narcisísticas en la infancia, lo que configura
un tipo de vinculación amorosa característico en estas personalidades.
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El uso del término codependencia se remonta a los años cincuenta cuando en los Estados Unidos a las esposas de los alcohólicos se les llamaba co-alcohólicas (Crothers y Warren,1996). Posteriormente en los setentas, con la proliferación de las "dependencias a sustancias químicas" el término se transforma y a las personas vinculadas en el plano emocional a dichos adictos se les comenzó a nombrar "codependientes" .
El o la codependiente, es aquella persona que sufre
de ansiedades, tristeza, enojo, confusión mental y trastornos psicosomáticos
entre otros, debido a una fuerte dependencia emocional y vida conflictiva
con el enfermo adicto. Ahora bien, el padecimiento se ha extendido ya
que la codependencia abarca tanto a los que se relacionan con los que
usan cualquier tipo de sustancia tóxica al organismo, como a los que se
vinculan con personas que presentan algunas tendencias obsesiva -compulsivas
al trabajo, al juego o a las compras, al sexo, ante la comida y/o que
tienden a relacionarse con los "adictos" a las relaciones destructivas.
Según la literatura especializada sobresalen en
las personas codependientes:
1- la presencia de disturbios emocionales expresados
en fragilidad yoica, dependencia emocional y sentimientos de ansiedad,
enojo y tristeza;
2- daños y heridas narcisísticas reflejadas en
baja autoestima, sentimientos de vacío, abandono y fuerte necesidad de
reconocimiento externo. Presentan también:
3- dificultades en las relaciones interpersonales
por la dificultad en marcar límites, la aceptación de conductas destructivas,
de rechazo y maltrato físico y/o psicológico y por ser aferradas, celosas
y controladoras. (Beattie, 1990; Cantú, 1995; Kalina, 1995; Crothers y
Warren,1996).
Son múltiples los autores que encuentran en el seno
familiar disfuncional, los factores determinantes que predisponen el desarrollo
de la conducta o personalidad codependiente. (Cermak, 1986; Cooper, 1995;
Irwin, 1995; Hinkin y Kahn, 1998). Cuenta en estas familias una niñez
triste en combinación con patología en el seno familiar en donde destacan:
enfermedad psicológica en los padres, fuertes y continuos traumas, no
laborados o elaborables, que incluyen abandonos, por ausencia o muerte
de las personas significativas de la familia, separaciones múltiples,
divorcio, maltrato físico, psicológico y abuso sexual en la familia, prácticas
de crianza violentas y erráticas, problemas de uso de alcohol y drogas
en sus miembros y familiares que ya padecen de y/o actúan los patrones
codependientes. Asimismo frecuentemente hallamos padres violentos y distantes,
madres abandonadoras y sometidas, hecho que hace que el niño(a) no tenga
de donde "agarrarse" y/o nutrirse afectivamente.
Al respecto, Lyon y Greenberg (1991), Morgan (1991)
y Melody (1989) citados por Crothers y Warren (1996) han reconocido en
el concepto de "dependencia mórbida" planteado por K. Horney (1950) una
temprana descripción de lo que en la actualidad es conceptualizado como
codependencia. Horney identifica en los dependientes mórbidos, datos clínicos
en donde describe que estos están "compelidos a una total entrega", poseen
una intensa "ansia de encontrar unidad a través del fundirse con un compañero"
y tienden a "perderse en el otro" (Horney, 1950, pág. 157). Aclara que
conductualmente estos impulsos tienden a caracterizar la parasitación,
las relaciones simbióticas, la autodestructividad, la externalización
del orgullo y el autorreproche.
Horney teoriza que la dependencia mórbida se desarrolla
en el niño como una defensa contra la influencia parental adversa, quienes
están envueltos en sus propias disfunciones y son incapaces de proveer
condiciones de maternaje y paternaje. Algunas de las características de
tal parentalidad adversa son la coerción, la impredecibilidad, la intimidación,
actuaciones de dominación, sobreprotección y la indiferencia, condiciones
estas que exacerban la inseguridad, el aislamiento y el miedo en el niño.
Como resultado el niño experimentará una alienación de sus propios sentimientos,
sufre una pérdida en la habilidad para determinar lo que le gusta y lo
que le disgusta y pierde la fortaleza interna para determinar su propia
vida. En ese sentido la unicidad y características de la personalidad
del niño no son cultivadas, obstruyéndose el desarrollo personal y finalmente
ocurre una alienación del Yo, que de acuerdo a Horney, es lo que configura
la dependencia mórbida.
Cermak (1991a, 1991b) por su parte ha planteado
una relación entre codependencia y narcisismo. De acuerdo a este autor,
ambas la codependencia y el narcisismo surgen en la niñez temprana durante
la fase simbiótica del desarrollo e impiden la progresión a la fase de
separación- individuación. Ambos tipos de rasgos representan procesos
de "espejeo" defectuosos: las personas narcisistas se relacionan buscando
aspectos de ellos mismos en los otros. Los codependientes, también buscan
relacionarse con otros para ser espejeados. En ese sentido el origen de
la codependencia y el narcisismo involucran defectos en el espejeo, en
este caso, por parte de los padres.
Más recientemente, Diamondstein (1994) plantea una
similar línea de pensamiento en torno a la dependencia a las drogas, señalando
que el origen de las mismas se genera por el efecto que tiene sobre la
personalidad del sujeto los vínculos familiares enfermantes que se manifiestan
en un déficit de narcisización, un vacío, en el cual el sujeto coloca
la droga, destacando que en relación a la codependencia, acontece lo mismo,
es decir, el codependiente presenta una similar deficiencia de narcisización,
resultado de una historia familiar caótica y desorganizante, que se refleja
en un profundo vacío emocional, el cual el codependiente trata de llenar
con el adicto.
Pero pasemos a lo que son el discurso y las actuaciones
codependientes: En los talleres que imparto con subtítulo de "Codependencia:
Anhelo de reencuentro con la madre", observamos una dinámica en la línea
del "rejuego de las miradas" en las relaciones codependientes. Es frecuente
que siempre exista en estas(os) la necesidad de la búsqueda de una mirada
que los complete, que les de forma, que les nutra en su autoimagen y registros
de ser mujeres u hombres. Así, frecuentemente el o la codependiente en
un acto fallido se miran en las "miradas ciegas" del otro, quien no los
ve, ya que también ellas(os) andan en la búsqueda de una figura (maternal
o paternal) que les de afecto y aceptación. Esto lo expresa de manera
muy clara una mujer quien menciona que: "yo puedo llegar a un baile atiborrado
de hombres, inicialmente mirar a todos a los ojos y siempre corro el riesgo
de quedarme con el más patán".
Algo que es llamativo en los codependientes es la
existencia de una exagerada tendencia, casi obstinada a vincularse con
personalidades narcisistas (alcohólicos y adictos en general) (Castrellón,
1997) o sujetos con defectos de carácter en donde destacan las(os) orgullosas(os)
y soberbias(os) , iracundas(os), lujuriosas(os), egoístas e envidiosas(os),
resentidas(os), perezosas(os) y avaras(os). En ese sentido, es frecuente
observar en la clínica que debido a los daños en la autoestima durante
la infancia, el o la codependiente adulto desarrollan un mecanismo de
captación inconsciente (en otras ocasiones muy consciente) de que quien
tiene una enfermedad adictiva es una fuente ideal de estima y reconocimiento,
el cual anhela de manera importante el codependiente.
También son comunes durante las sesiones relatos
de sueños en donde el o la persona codependiente "se ven que están sentados
en las piernas o en el regazo de la madre, van de la mano o en los hombros
del padre" o sueños en "donde estando con sus parejas en la cama, a estos
(o sea, al codependiente) se les transforman o los viven como sus padres".
En estos sueños típicos aparecen claramente anhelos de relaciones cálidas,
seguras y manifestaciones en donde se observa que confunden las búsquedas
de afectos y lugares infantiles en las relaciones actuales empalmando
a sus figuras paternas con sus actuales parejas.
Desde una perspectiva histórica, aspectos psicosociales
y religiosos aquí en México determinan en mucho a las madres, hermanas,
esposas y a mujeres en general, a desempeñar roles codependientes como
una forma de expresar afecto. En ese sentido, una visión implícita desde
lo cultural de la dinámica codependiente se refleja en la actitud vincular
del macho mexicano y la conducta abnegada de la mujer mexicana. Por otro
lado, en el plano familiar el prototipo de la "madre buena" o el "papito
bueno" proyectan a sus hijas(os) la figura de una mujer u hombre protectores,
quienes se preocupan por el bienestar de ellas(os), creando una situación
de dependencia emocional evitando así que se alejen de ellos cuando llegan
a la madurez, provocando otros de los males involucrados en la codependencia
como es el de la "mamitis o papitis aguda", tanto en hombres como en mujeres
y que se traduce en exagerado apego a los padres o de igual manera en
fuertes demandas de afecto y atenciones a la pareja, a las cuales se les
inviste erróneamente con imágenes "de ma- y/o de pa".
En la consulta de pareja, nos encontramos también
con que el o la esposo(a), el o la amante, el o la novio(a) viven a expensas
de lo que piensa y desea el otro, dan y hacen todo lo que el otro quiere
al estar sobreinvolucradas(os) o indiferenciadas(os) con las necesidades,
deseos, pensamientos y actos del otro miembro de la pareja. Es común que
consuman una gran cantidad de energía en conservar esas relaciones, aunque
el costo sea muy alto. Quien sufre esta enfermedad tiene un gran miedo
al abandono, a la ruptura y a las separaciones, por eso muchas veces buscan
"alguien más necesitado" que él o ella a quien cuidar, reasegurándose
así el que no las(os) abandonaran y las(os) valorarán por su rol. En ese
sentido, tienen la necesidad imperiosa de ser necesitados y en el fondo
lo que se encuentra es el demonio de la baja autoestima.
En las relaciones de pareja en donde aparece la
infidelidad, el enganche es codependiente y se observa en los miembros
que uno es el adicto (a las relaciones sexuales o a las relaciones destructivas)
y el otro el codependiente. En ese sentido, frecuentemente la codependiente
piensa: "si yo fuera mejor esposa, mejor ama de casa o madre, él no tendría
necesidad de otra" y van "a escondidas" a conocer "a la otra" para aclarar
que atributos tiene "esa" (la otra), buscando cualidades que siente que
ellas no poseen. Expresan frecuentemente que: "si no fuera por mis hijos,
ya me hubiera salido de la relación", catalogándose(les) entonces como
sacrificadas y aguantadoras.
En lo emocional, el o la codependiente sufre de
constantes crisis de desintoxicación fallida a través de sus enojos, los
cuales tienen una acción antidepresiva o antiansiógena momentánea, también
levantan "barreras" a través de la amenaza (del "me suicido" o del "me
voy") o el silencio, de esta forma no permiten la negociación y se empecinan
en el control. Frecuentemente se acompañan de dolores de cabeza, dificultades
para concentrarse, insomnio, alteraciones en el apetito, en el deseo sexual
y de trastornos gastrointestinales. También son frecuentes los accidentes
de todo tipo con lastimaduras graves e incapacidades y deseos de que el
otro cuide y rescate en el fondo. Las cirugías y largas jornadas de gimnasio
para embellecimiento y así agradar a la pareja son muy frecuentes en estas
personas.
En el ámbito de las oficinas, existen las personas
codependientes que se angustian y se sienten culpables por tener que despedir
a un subalterno que ha venido faltando a su trabajo por problemas con
drogas. Son los que trabajan arduamente y están subpagados, son los que
le sacan el trabajo a los compañeros por no poder decir "no" a un jefe
desorganizado. Son los "muy dadores", personas que consistentemente dan
más de lo que reciben y navegan con la bandera de víctimas o de paño de
lágrimas de las(os) sufridas(os).
En las consultas de cualquier tipo, se encuentran
también los profesionistas con manejos desde sus propios rasgos codependientes.
Estos no pueden "parar" a las personas que demandan atención en cualquier
momento, o a las que desean que se les resuelva su situación desde el
teléfono o en una sola sesión o a quienes hacia el final de la sesión
con sus quejas y malestares impiden el cierre de la misma. Es común que
se de la situación en donde el o la codependiente quien se ha encargado
de dar regalos caros a la pareja, pagar las "salidas" (comidas, bebidas
y hasta el hotel), sostienen la casa y la crianza de los hijos como maniobras
codependientes, no deseen pagar el costo de los honorarios de su psicoterapeuta.
Lo que se observa clínicamente es que el codependiente
se mantiene en una ilusión de control, aunque generalmente su vida es
ingobernable. En ese sentido, es necesario tener cuidado al tocar a las
figuras objetos de las relaciones codependientes. En muchas ocasiones
al primer movimiento para trabajar la relación codependiente , estos se
"pelean" con el terapeuta o con los miembros del grupo y hasta abandonan
el tratamiento, como una forma de preservar sus vínculos codependientes.
Es oportuno mencionar que para poder superar la
codependencia el primer paso para salir de la enfermedad es reconocerla,
en ese sentido, en el proceso de recuperación es necesario lidiar con
los resentimientos a través del perdón y así sanar de las experiencias
dolorosas debido a las propias necesidades de dependencia mórbidas en
ellas(os). La persona tendría que entender que a la única persona que
uno puede controlar es a sí misma, tendría que vivir y dejar vivir con
actos de desapego, lo que daría paso al poder ir abandonando la dinámica
de víctima-victimarío, en ese sentido las líneas de interpretación laborarían
en que la persona pueda manejar sus ansiedades de separación.
También desde la contención derivada de la relación
terapéutica se promovería la reestructuración del Yo débil a través de
la función de espejo del terapeuta el cual favorece actuaciones de autoafirmación
e individuación en el o la persona codependiente, estimulando también
la capacidad de negociar los conflictos, el autocontrol emocional y no
tomar los problemas o las diferencias de modo personal, (desde su baja
autoestima ), haciéndole consciente que el vincularse desde los deseos
de dependencia son el reflejo de inmadurez emocional asociada a sus vivencias
de maltrato, abandono y pérdidas infantiles.
También es necesario saber encarar a otros miembros
codependientes del círculo familiar que "apapachan" las adicciones (madres,
abuelas(os), tías(os), hermanas(os)). Habría que combatir los argumentos
favoritos, (casi míticos) de que: "al dejarse la droga se sufre mucho";
o que: "se padece mucha culpa y ansiedad por el desapego hacia el adicto"
y que a este: "le puede pasar algo" y por eso no se emprende el cambio
o se tienen frecuentemente las recaídas en los intentos de recuperación.
Hay que tener presente que un cambio en un miembro de la pareja puede
provocar cambios en la otra parte. Si su pareja o familiar no busca ayuda,
muévase usted a buscar las alternativas. Es útil mencionar que la psicoterapia,
los grupos de apoyo (CODA) y los libros de autoayuda pueden ser buenos
medios para iniciar y alcanzar la recuperación.
Podríamos concluir a modo de discusión que el síndrome
de personalidad codependiente en donde se destaca la tendencia a depender
emocionalmente del otro, tiene sus antecedentes en situaciones traumáticas
infantiles que afectaron de manera importante el narcisismo (la autoestima)
de la persona. También, que los estilos relacionales codependientes varían
en intensidad y grado, o sea, de un cierto patrón o conducta disfuncional,
pasando por una variedad de rasgos codependientes, hasta el propio disturbio
codependiente de acuerdo a aspectos emocionales (debilitamiento Yoico),
familiares (parentalidad adversa) y culturales (asimilación y aprendizaje
de valores y roles codependientes), entre otros.
La codependencia está determinada por un debilitamiento
yoico y se asocia a disturbios en la identidad y en la capacidad de intimidad,
en ese sentido, las descripciones clínicas anteriores apuntan a señalar
que las conductas codependientes tienden a ocurrir cuando las personas
pierden el sentido de sí mismas y actúan conforme a las necesidades y
deseos del otro, esto como una forma de ganar aprecio y evitar conflictos,
todo lo cual las(os) expone al riesgo de relaciones desventajosas y de
maltrato para ellas(os).
También, cada vez se observa con mayor frecuencia
que el estilo vincular codependiente no sólo pertenece al ámbito de las
adicciones, sino que se asocia a fallas en la capacidad de intimidad en
la pareja moderna y a dificultades relacionales desde las diferencias
de género.
Trabajo leído en el XV Congreso de la Federación
Latinoamericana de Psicoterapia Analítica de grupo. (FLAPAG.) y IX Congreso
de la Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo (AMPAG.).
17-19/Octubre/2002. Zacatecas, Zac.. México.
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